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Presos políticos en la España contemporánea

Tras su paso por el Museu de Lleida y el CCCB, la instalación fotográfica del artista Santiago Sierra, propiedad de Tatxo Benet, llega al Centre Cultural Terrassa. La sala 3 recoge la serie de 24 fotografías en blanco y negro y de rostros pixelados que hacen referencia a 74 presos políticos de colectivos y posiciones muy diversas.

La obra Presos políticos en la España contemporánea, que fue motivo de polémica tras que fuera retirada de la feria ARCO de Madrid el pasado mes de febrero, quiere hacer visible la existencia de presos políticos en España. ‘Dentro del panorama carcelario actual, un gran número de presos han sido condenados debido a sus ideologías, especialmente de izquierdas’, dice Santiago Sierra en su comunicado.

El hecho de recurrir universalmente a la institución penitenciaria es en sí mismo un indicador del fracaso y la impotencia de las sociedades para construir un ámbito de convivencia saludable que respete la soberanía personal ‘manifiesta el artista, y añade que el criterio de selección son ‘personas encarceladas por intentar hacer públicas y efectivas sus ideas sin recurrir a ningún tipo de violencia’. Sierra invita a reflexionar sobre los efectos de la Ley mordaza y las actividades que pueden ser consideradas delito de ‘terrorismo’.

Santiago Sierra ha expuesto en todo el mundo y es especialmente conocido en el mundo del arte político por su trabajo de denuncia del capitalismo, la explotación o el mercado laboral. Su obra también pone en cuestión la naturaleza de la institución artística.

abierto domingo y lunes de Fiesta Mayor

 

Comunicado del artista

PRESOS POLÍTICOS EN LA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA

El recurso universal a la institución penitenciaria es en sí mismo un indicador del fracaso y la impotencia de las sociedades para construir un ámbito de convivencia saludable que respete la soberanía personal. La presencia de presos políticos dentro de las cárceles constituye además la piedra de toque que desacredita a cualquier gobierno que pretenda definirse como democrático. En consecuencia, ningún gobierno admite su existencia, camuflándola con tipos penales tales como atentado contra el orden público, enaltecimiento del terrorismo, rebelión, etc.

El Estado español no es una excepción. Cuando en 2016 el dirigente abertzale Arnaldo Otegui se calificó a sí mismo como «preso político», tras cumplir varios años de condena, el ministro de Justicia Rafael Catalá declaró de inmediato que «en una democracia no hay presos políticos» y que en España «no los hay desde hace muchos años». No obstante, una mirada superficial sobre el panorama carcelario español permite identificar a numerosas personas que han sido condenadas por sus ideas, en particular en los ámbitos abertzale y anarquista, aunque no exclusivamente.

El criterio para definir un preso como político no está claro en cualquier caso, ni es compartido por todo el mundo. En España este criterio ha sido aún más confuso, debido a la tradición franquista y a la prolongación de los conflictos nacionalistas después de la Transición, que ha generado un contexto desde el que prácticamente cualquier actividad (ejercicio de las libertades de expresión y reunión, militancia en organizaciones revolucionarias, lucha por los derechos de las personas presas, etc.) puede ser catalogada como delito de «terrorismo».

La aprobación de la Ley de Seguridad Ciudadana, conocida significativamente como «Ley Mordaza», ha ampliado enormemente los supuestos de delito hasta abarcar las opiniones y los actos de desobediencia como, por ejemplo, los intentos de paralizar colectivamente los desahucios.

Lo que proponemos a través de esta serie que hemos ido publicando durante el pasado año es visibilizar la existencia de tales presos políticos en el Estado español, a pesar de lo que se sostiene institucionalmente. Sin focalizar ninguna ideología en concreto, pues se trata de demostrar que los presos políticos españoles contemporáneos abarcan un amplio espectro de posiciones políticas especialmente de izquierdas, pero con un criterio de selección muy claro: personas encarceladas por tratar de hacer públicas y efectivas sus ideas sin recurrir a violencia de ningún tipo. Seguramente no estarán todos los que son, pero a través de esta selección de ejemplos muy claros queremos dejar constancia de su existencia y denunciar no solo las leyes caducas y su aplicación torcida, sino sobre todo la alienación social que permite y justifica esta realidad y mira hacia otro lado.

 

Santiago Sierra (1966, Madrid) Después de licenciarse en Bellas artes por la UCM-Universidad Complutense de Madrid, Santiago Sierra completó su formación en Hamburgo, donde estudió con los profesores F. E. Walter, S. Browm y B. J. Blume. Sus inicios están ligados a los circuitos artísticos alternativos de Madrid —El Ojo Atómico, Espacio P—, pero buena parte de su carrera la ha llevado a cabo en México (1995-2006) e Italia (2006-2010). En el año 2010, Sierra rechazó el premio Nacional de Artes Plásticas de España.

Retomando y actualizando algunas estrategias propias del minimalismo, el arte conceptual y la performance de los años setenta, Serra interrumpe los flujos de capital y mercancías —Obstrucción de una vía cono un contenedor de carga, 1998; Persona obstruyendo una línea de containers, 2009—, contrata trabajadores para revelar la situación precaria —20 trabajadoresen la bodega de un barco, 2001—, explora los mecanismos de segregación racial que se derivan de las desigualdades económicas —Contratación y ordenación de 30 trabajadoresconforme al color de su piel, 2002; Estudio económico de la piel de los caraqueños, 2006—, e impugna los relatos que legitiman una democracia sustentada sobre la violencia de estado (Veteranos de las guerras de Camboya, Ruanda, Kosovo, Afganistán e Irak de cara a la pared, 2010-12; Los encargados, 2012).

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